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Liex: la paciencia local tiene un límite

Catamarca cedió sus recursos, financió al zorro y lavó los platos. Ahora los proveedores del interior amenazan con bloquear la planta, y el Gobierno provincial sigue en modo contemplación mística.

Catamarca se convirtió en la mejor anfitriona del mundo gracias a su política minera: de esas provincias que limpian la casa, ponen la mesa, miran cómo los invitados extranjeros se comen el asado y, al final de la velada, se quedan contentas lavando los platos.

El concepto de "licencia social" fue entendido al revés en los escritorios corporativos. Algunos genios del marketing creyeron que la aceptación comunitaria se compraba financiando tres camisetas de fútbol para el club de barrio y pautando publicidad sobre "minería sustentable" en radios y canales que solo hablan bien de las empresas. La paz social no se compra en cómodas cuotas ni viene empaquetada en papel brillante.

"Poner al zorro a cuidar el gallinero ya pasó de moda; ahora el dueño del gallinero le financia el alimento balanceado al zorro y le tramita el monotributo."

La minería moderna descubrió una nueva categoría: el "prestanombre patriótico". Empresarios catamarqueños que, con el corazón lleno de un localismo de cartón, prestan el sello de su pyme o arman una UTE de fantasía para que una megaempresa foránea se quede con el contrato millonario.

Mientras tanto, los proveedores genuinos de Fiambalá, Tinogasta, Belén, Andalgalá, Antofagasta de la Sierra y Santa María miran el desfile de camiones con la misma nostalgia con la que un pueblo fantasma mira un tren de alta velocidad.

Los reportes indican que si la firma Lancioni carga en Buenos Aires el próximo martes, el miércoles a las 6 de la mañana los proveedores locales le pondrán el despertador bloqueando la planta de Liex en la puerta de entrada. Hay madrugones que no se solucionan con un café instantáneo ni con llamados de urgencia al Ministerio de Minería.

Lo de Liex Zijin ya es un clásico de la literatura regional: denuncias por precarización, conflictos permanentes y un sutil desprecio por el compre local. Y MARA; la rutilante resurrección de Alumbrera y Agua Rica, roza la nostalgia cinematográfica: es la secuela de una película que ya resultó pésima hace treinta años.

Nada de esto sería posible sin la pasividad zen del gobierno provincial. Los funcionarios de Minería y Trabajo adoptaron la filosofía de la "contemplación mística": ven pasar la riqueza con parsimonia envidiable, olvidando que su rol es regular que el derrame no sea un concepto abstracto, sino empleo real, pymes fuertes y dignidad para la provincia que cede sus recursos.

Si las mineras y sus contralores siguen jugando al gran baile de disfraces dándole la espalda a la realidad, no deberían sorprenderse cuando se apague la música.

Cuando la licencia social amanezca bloqueada un miércoles a la mañana, la prensa no lo atribuirá al "sentimiento antiminero". Será el resultado lógico de la codicia empresaria y de una alarmante miopía política.

 

Fuente: Juan Carlos Andrada