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Julio Bárbaro: "La inflación y las tarifas son el síntoma que marca la impotencia de este sistema"

De nada sirve intentar un relato histórico donde los partidos asuman sus errores sin tener en cuenta que no tenemos instituciones, que con el mismo nombre pudimos fundar industrias primero y destruirlas luego, en un proceso donde nada es permanente, todo es improvisación.

Fueron constructores de una sociedad integrada los conservadores, los radicales y los peronistas, sin olvidar a Frondizi y en alguna medida hasta el golpe de Ongania tuvo su veta nacional. Luego vino el tiempo de los destructores, ellos fueron los del último golpe que asesinaron y endeudaron, propusieron fundar bancos y financieras suplantando a la industria nacional. Y luego el peronismo, con Menem, Cavallo y Dromi, que privatiza y deja en manos extranjeras todo aquello que con gran esfuerzo habían forjado las generaciones anteriores. O sea, ambos bandos actuaron en favor del bien y del mal, siendo por ejemplo los Kirchner impulsores de los odios sin tener en claro los objetivos. 

Las privatizaciones engendraron pocas grandes riquezas y millones de familias cayeron en la pobreza, ese proceso es la matriz de nuestra decadencia que no para de expandirse. Cayeron en manos extranjeras las telefónicas, que por ejemplo, Uruguay no necesitó privatizar. Desde el juego a los aeropuertos pasando por los peajes en rutas que no construyeron, todo pasó a manos del negociado. Ese saqueo con pretensiones ideológicas, ese sueño de la dictadura “achicar el estado es agrandar la nación”, esa demencia de la codicia de quedarse con las propiedades de todos, nos llevó a destruir los ferrocarriles, privatizar aquello que se debe subsidiar tiene un solo destino que es la concentración de las coimas en pocas manos. Antes de Menem podíamos conocer a los grandes grupos económicos y ellos eran mayoritariamente productivos, después de ese robo de nuestro patrimonio, miles de nuevos ricos se quedaron con la salud o los servicios, se destruyó la burguesía industrial y se instaló la patria contratista, yo no era necesario fabricar sino tan solo importar e intermediar. 

Ahora viene la atroz realidad de un gobierno que en lugar de limitar las ganancias de los grandes grupos imagina una sociedad donde el ciudadano sea tan solo un esclavo.  Macri es la concentración definitiva de las riquezas en manos de los empresarios improductivos, de los intermediarios, Cristina es la contracara simétrica que cambia explotadores por conocidos.

Hemosconstituido una sociedad inviable, donde las ganancias de los grandes empresarios son mayores a la riqueza que generamos. Es tal la explotación del ciudadano que ya hasta los grandes comienzan a correr riesgo de quiebra. Macri sueña con un paraíso donde los ricos otorguen trabajo a los pobres que no necesiten subsidiar. Las tarifas son solo la muestra del fracaso de las privatizaciones y de un estado asociado a los negociados. 

En un mundo donde los poderosos se vuelven proteccionistas nosotros estamos convencidos de que la libertad de mercado nos restaurará la bonanza. Crece la deuda, la inflación y la pobreza, sueñan con un rebote, como si ignoraran que los éxitos tienen techo pero las decadencias difícilmente encuentren su piso.

La inflación y las tarifas son el síntoma que marca la impotencia de este sistema de detener su caída. Macri ya demostró la inexistencia de su proyecto, Cristina solo sirve para sostener a Macri, mientras no salgamos de estas alternativas del fracaso no podemos recuperar la esperanza. 

Las tarifas son la expresión más clara que los estados están para ponerle un límite a la codicia de los privados y no para asociarse con ellos.

Pareciera que los que se fueron mostraban su corrupción en los cuadernos y estos no los necesitan, son los dueños de las acciones.

Las fortunas que engendraron las privatizaciones son el límite al poder del estado, que ni siquiera puede resistir con la moneda. Mientras las ganancias no tengan límite tampoco lo tendrá la miseria que generan. Y por ahora, de eso, el gobierno no se da por enterado.

 

 

Fuente: Perfil